Ejercicios Espirituales 2006
Un espacio para ser más “amigos en el Señor”
Quiero abrir mi corazón para que entres en él,
a limpiarte las heridas con un nuevo latir.
Y esconderte entre mis manos
donde nadie te pueda encontrar.
Y perderme entre tus labios,
tarde o temprano.
Quiero abrir tu corazón y de inmediato correr
a embriagarme con la esencia que perfuma tu flor.
Enredarme con tu cuerpo donde nadie me pueda encontrar
y quemarnos con el fuego,
tarde o temprano.
Sin palabras, sin pensar,
sin que exista nada más.
Quiero abrir mi corazón para que entres a vivir en él.
Solo así descubriré cual es la llave que debo elegir
para abrir tu corazón donde estaré tarde o temprano.
Quiero entrar por tus oídos porque no tengo más,
que la música que habita en cada parte de mí.
Y que aceptes lo que llevo dentro de este inquieto corazón
para serenar tus miedos tarde o temprano.
Quiero que entres en mis ojos y me ayudes a ver
el color de los anhelos que te hacen feliz;
a esconderte entre mis manos donde nadie te pueda encontrar
y perderte entre mis labios tarde o temprano...
a limpiarte las heridas con un nuevo latir.
Y esconderte entre mis manos
donde nadie te pueda encontrar.
Y perderme entre tus labios,
tarde o temprano.
Quiero abrir tu corazón y de inmediato correr
a embriagarme con la esencia que perfuma tu flor.
Enredarme con tu cuerpo donde nadie me pueda encontrar
y quemarnos con el fuego,
tarde o temprano.
Sin palabras, sin pensar,
sin que exista nada más.
Quiero abrir mi corazón para que entres a vivir en él.
Solo así descubriré cual es la llave que debo elegir
para abrir tu corazón donde estaré tarde o temprano.
Quiero entrar por tus oídos porque no tengo más,
que la música que habita en cada parte de mí.
Y que aceptes lo que llevo dentro de este inquieto corazón
para serenar tus miedos tarde o temprano.
Quiero que entres en mis ojos y me ayudes a ver
el color de los anhelos que te hacen feliz;
a esconderte entre mis manos donde nadie te pueda encontrar
y perderte entre mis labios tarde o temprano...
A veces las palabras no son suficientes para explicar un vivencia o para compartir un sentimiento. A veces es necesario echar mano del silencio y la quietud.
Cuando un árbol, un sendero de piedra, un esfero y muchas hojas de cuaderno dejan de ser lo que son; cuando un pájaro, una lucecita, una flor y una silla pasan a mostrar la grandeza de un Dios que se hace pequeño por amor personal y amor por mí, esos son Ejercicios Espirituales para buscar y hallar a Dios en todas las cosas.
Y cuando Aquel me mueve a exteriorizar lo que siento y pienso, a ser parte de la solución, a brindar más sonrisas y más abrazos, y a brindarme también como Él en el silencio y en la entrega a quienes más nos necesitan tal vez hayamos descubierto el gran misterio de la vida: la felicidad, la abundancia de sí mismo, de ser un joven, de ser dieciocho para los demás.
San Agustín, sábado 11 de marzo de 2006


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