Reconocer el verde que todos llevamos dentro


Hace unos años Ricardo Williams compuso una canción que en ese momento se convirtió en un ícono, -sin llegar a ser la “piel del país”-, en el Ecuador.

Era la gráfica de algo más que un pedazo de suelo bendecido por la vida con abundante flora y fauna; la canción quería recrear mas bien el compromiso de nosotros que nos llamamos ecuatorianos con la vida. “Y voy a cuidarte... y voy a cuidarte”... rezaba el coro.

Era, y es, la devolución de la alegría de reconocernos de sabores tan diversos como el maíz y la naranja, juntos en la utopía de mantenernos “dulces, siempre, siempre”. Con un respeto por la vida “para que la tierra no se canse”; con respeto por nosotros mismos, “quiero educarme y aprender”.

Y me ha llamado la atención esa responsabilidad por la vida que tanto se repite en la canción y que se concreta en la educación para aprender a ser nosotros mismos, para descubrirnos; para darnos un valor agregado, como dirían los especialistas en comercio.

Pero, ¿cuál es nuestro valor agregado?

Es hora de que personal y comunitariamente (no socialmente, porque ante todo, los ecuatorianos formamos comunidades y no sociedades) hagamos un balance de esos “plus” que tenemos precisamente por lo que somos; que seamos capaces de gozar del verde de la esperanza que cada día las montañas que nos rodean nos susurran, de mirar al cielo azul que en esta parte del mundo es una ventana al cielo y volvernos a ver en el amarillo de nuestra riqueza interior que puede multiplicarse más aún que en la sucursal de uno de esos grandes bancos internacionales que han puesto oficinas en nuestras ciudades.

Y precisamente eso es educación, que no tiene mucho que ver con la idea de la Europa medieval de mantener, como una enorme biblioteca construida de telarañas, una serie de “saberes científicos” sino mas bien de adecuarnos simbióticamente al mundo con especial atención a la comunidad y a su encuentro en igualdad de condiciones.

En las actuales circunstancias no es importante solucionar un paro, es urgente e importante aprender a vivir unos con otros sabiendo que todos somos esa verde manzana que quiere entenderse, encontrarse y darse a otras comunidades con todo el orgullo de su sabor tropical y andino, isleño y selvático, generoso y altivo, de paz.

Pues, ¿cuál es nuestro valor agregado? Quizá sea ese precisamente: no tenerlo todo pre-pensado y pre-fabricado y detenernos a conversar y a bailar, a trabajar y a educarnos para cada día ser más nosotros mismos desde una mirada positiva del mundo, con más memoria colectiva y también con más sueños por los que soñar y que cumplir desde hoy.

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