¿Será que uno se vuelve viejo?

Tengo una amiga que disfruta mucho haciéndome saber de vez en cuando que yo estoy “obsesionado con la edad”. Y aunque mi respuesta lógica es recordarle que yo soy menor en edad que ella (o que ella es más vieja que yo, -depende del grado de enojo que tenga cuando le contesto- y peor aún que yo aparento menor edad de la que realmente tengo), de pronto ahora he llegado a pensar en la posibilidad de que me esté volviendo viejo.

Que, ¿cómo lo sé? Pues lo intuyo: he pasado cerca de hora y media escuchando música ecuatoriana, eso sí, en unas magníficas interpretaciones instrumentales de guitarras y violines que me facilitó un buen amigo, heredero de una estirpe musical ecuatoriana.

Me he sorprendido a mí mismo escuchando con atención las mismas canciones que tarareaba mi abuela y que luego, en una conversación posterior con mi mamá, descubrirían que a ella también le fascinan, no solo por la belleza musical sino porque también recuerda que a su mamá le gustaban. ¡Cómo unas canciones pueden trascender y conectarte con tus propias raíces! Aún cuando de pequeño también me hacía eco del mismo cliché de todos los de mi edad: “música de viejos”...

La única esperanza de saber que aún no estoy viejo es que puedo escribir mensajes por celular casi con la misma velocidad que los adolescentes de hoy y conozco un par de trucos con la computadora que todavía ellos desconocen.
Bueno, en fin, seguiré con el intento de hacer mi propia musicoteca de canciones instrumentales ecuatorianas sin pensar en la obsesión de la edad sino mas bien creyendo que es el simple gusto por lo que considero mío. Además es profundamente bello. Y punto. ¡¡Seguro que no estoy viejo!!

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