Jonn Sobrino al P. Kolvenvach

San Salvador, 13 de diciembre de 2006.
Querido P. Kolvenbach:
Ante todo le agradezco la carta que me escribió el 20 de noviembre y todas las gestiones que ha hecho para defender mis escritos y mi persona. Ahora me dice el P. Idiáquez que le escriba a usted sobre mi postura ante la notificatio y las razones por las que no me adhiero -“sin reservas”, dice usted en su carta- a ellas. En un breve texto posterior expondré mi reacción ante la notificatio, pues, como usted dice, lo normal es que la noticia aparezca en los medios y que los colegas de la teología esperen una palabra mía.
1. La razón fundamental.
La razón fundamental es la siguiente. Un buen número de teólogos han leído mis dos libros antes de que fuese publicado el texto de la Congregación de la fe de 2004. Varios de ellos leyeron también el texto de la Congregación. Su juicio unánime es que en mis dos libros no hay nada que no sea compatible con la fe de la Iglesia.
El primer libro, Jesucristo liberador. Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret, fue publicado en español en 1991, hace 15 años,y ha sido traducido al portugués, inglés, alemán e italiano. La traducción portuguesa tiene el imprimatur del Cadenal Arns, del 4 de diciembre de 1992. Que yo sepa ninguna recensión o comentario teológico oral cuestionó mi doctrina.
El texto del segundo libro, La fe en Jesucristo. Ensayo desde las víctimas, fue publicado en 1999, hace siete años, y ha sido tradcido al portugués, inglés e italiano. Fue examinado muy cuidadosamente, antes de su publicación, por varios teólogos, en algunos casos por encargo del P. Provincial, Adán Cuadra, y en otros a petición mía. Son los PP. J. I. González Faus, J. Vives y X. Alegre, de San Cugat; el P. Carlo Palacio, de Bello Horizonte; el Pbro. Gesteira, de Comillas; el Pbro. Javier Vitoria, de Deusto; el P. Martin Maier, de Stimmen der Zeit. Varios de ellos son expertos en teología dogmática. Uno, en exégesis. Y otro, en patrística.
Recientemente, el P. Sesboué, a petición de Martin Maier, el año 2005 tuvo la gentileza de leer el segundo libro, La fe en Jesucristo, conociendo también, según entiendo, el texto de la Congregación de la fe de 2004. El P. Maier le pidió que se fijase si había algo en mi libro contra la fe de la Iglesia. Su respuesta de 15 páginas en conjunto es laudatoria para el libro. Y no encontró nada criticable desde el punto de vista de la fe. Sólo encontró un error, que él llama técnico, no doctrinal. “Mon intention est de montrer le centre de gravité de l’ouvrage et combien il prend au serieux les affirmations conciliares, comme les titres de Crist dans le N.T. Je n’ai trouvè qu’une erreure réelle, s’est son interpretation de la communication des idiomes, mais c’este une errer technique en non doctrinale“. (Afirmo desde ahora que no tengo ningún inconveniente en esclarecer, en la medida de mis posibilidades, ese error técnico).
Sobre el modo de analizar mi texto por parte de la congregación dice lo siguiente:
“Je n’ai pas voulu répondre avec trop de précision au document de la CDF qui vise aussi le premier livre de Sobrino et me paraît tellement exagéré qu’il est sans valeur. Talleyrand avait ce mot: “Ce qui est exagéré est insignifiant!”. Avec cette méthode délibérément soupçonneuse je peux lire bien des hérésies dans les encycliques de J.P. II! J’en ai tout de même tenu compte dans mon évaluation. J’ai voulu dire que ce livre me paraît plus rigoureux dans ses formulations que le précédent. J’ai aussi cité des textes de la tradition, ou contemporains, ou même des papes qui vont dans le sens de Sobrino (en cela je suis la méthode de la CDF!).
Entregué una copia del texto del P. Sesboué al P. Idiáquez y al P. Valentín Menéndez.
Todos estos teólogos son buenos conocedores del tema cristológico, al nivel teológico y doctrinal. Son personas responsables. Se han fijado explícitamente en posibles errores doctrinales míos. Son respetuosos de la Iglesia. Y no han hallado errores doctrinales ni afirmaciones peligrosas. Entonces no puedo comprender cómo la notificatio lee mis textos de manera tan distinta y aun contraria.
Esta es la primera y fundamental razón para no suscribir la notificatio: “no me siento representado en absoluto en el juicio global de la notificatio”. Por ello no me parece honrado suscribirla. Y además, sería una falta de respeto a los teólogos mencionados.
2. 30 años de relaciones con la jerarquía
El documento de 2004 y la notificatio no son una total sorpresa. Desde 1975 he tenido que contestar a la Congregación para la Educación católica, bajo el cardenal Garrone, en 1976, y a la Congregación de la Fe, primero bajo el cardenal Seper y después, varias veces, bajo el Cardenal Ratzinger. El P. Arrupe, sobre todo, pero también el P. Vincent O’keefe, como vicario general, y el P. Paolo Dezza, como delegado papal, siempre me animaron a responder con honradez, fidelidad y humildad. Me agradecieron mi buena disposición a responder y me daban a entender que el modo de proceder las curias vaticanas no siempre se distinguía por ser honrado y muy evangélico. Mi experiencia, pues, viene de lejos. Y usted conoce lo que ha ocurrido en los años de su generalato.
Lo que quiero añadir ahora es que no sólo he tenido serias advertencias y acusaciones de esas congregaciones, sobre todo la de la fe, sino que desde muy pronto se creó un ambiente en el Vaticano, en varias curias diocesanas y entre varios obispos, en contra de mi teología -y en general, contra la teología de la liberación. Se generó un ambiente en contra de mi teología, a priori, sin necesidad de leer muchas veces mis escritos. Son 30 largos años de historia. Sólo voy a mencionar algunos hechos significativos. Lo hago no porque ésa sea una razón fundamental para suscribir la notificatio, sino para comprender la situación en que estamos y qué difícil es, al menos para mí, y aun poniendo lo mejor de mi parte, tratar honrada, humana y evangélicamente, el problema. Y para ser sincero, aunque ya he dicho que no es una razón para no adherirme a la notificatio, siento que no es ético para mí “aprobar o apoyar” con mi firma un modo de proceder poco evangélico, que tiene dimensiones estructurales, en uena medida, y que está bastante extendido. Pienso que avalar esos procedimientos para nada ayuda a la Iglesia de Jesús, ni a presentar el rostro de Dios en nuestro mundo, ni a animar al seguimiento de Jesús, ni a la “lucha crucial de nuestro tiempo”, la fe y la justicia. Lo digo con gran modestia.
Algunos hechos del ambiente generalizado que se ha generado contra mi teología, más allá de las acusaciones de las congregaciones, son los siguientes.
Monseñor Romero escribe en su Diario el día 3 de mayo de 1979: “Visité al P. López Gall… Me dijo con sencillez de amigo el juicio negativo que se tiene en algunos sectores para con los escritos teológicos de Jon Sobrino”. Por lo que toca a Monseñor Romero, pocos meses después me pidió que le escribiera el discurso que pronunció en la Universidad de Lovaina el 2 de febrero de 1980 -en 1977 ya había redactado para él la segunda carta pastoral “La Iglesia, cuerpo de Cristo en la historia”. Escribí el discurso de Lovaina. Le pareció muy bien, lo leyó íntegramente y me lo agradeció.
Antes de su cambio como obispo, Monseñor me había acusado de peligros doctrinales, lo que muestra que sabía moverse en esa problemática (también escribió un juicio crítico contra la “Teología Política” de Ellacuría en 1974). Pero después, nunca me avisó de tales peligros. Creo que mi teología le parecía correcta doctrinalmente -al menos en lo sustancial. (Sé muy bien que en el Vaticano un problema para su canonización ha sido mi posible influjo en sus escritos y homilías. Escribí un texto de unas 20 páginas sobre ellos. Y lo firmé).
Cuando Alfonso López Trujillo fue nombrado cardenal, dijo poco después en un grupo, más o menos públicamente, que iba a acabar con Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Ronaldo Muñoz y Jon Sobrino. Así me lo contaron, y me parece muy verosímil. Las historias de López Trujillo con el P. Ellacuría -con Monseñor Romero, sobre todo- y conmigo son interminables. Continúan hasta el día de hoy. Y empezaron pronto. Creo que en 1976 o 1977 habló en contra de la teología de Ellacuría y de la mía en una reunión de la Conferencia Episcopal de El Salvador, a cuya reunión se autoinvitó. Después, en carta a Ellacuría, negó tajantemente que hubiera hablado de él y de mí en dicha conferencia. Pero nosotros teníamos el testimonio, de primera mano, de Mons. Rivera, quien estuvo presente en la reunión de la conferencia episcopal.
En 1983 el cardenal Corripio, arzobispo de México, prohibió la celebración de un congreso de teología. Lo organizaban los pasionistas para celebrar, según su carisma, el año de la redención, que estaba siendo propiciado por Juan Pablo II. Querían tratar teológicamente el tema de la cruz de Cristo y la de nuestros pueblos. Me invitaron y acepté. Después me comunicaron la prohibición del cardenal. La razón, o una razón importante, era que yo iba a tener dos conferencias en el congreso.
En Honduras, el arzobispo, regañó a un grupo de religiosas porque habían ido a una diócesis cercana a escuchar una conferencia mía. Me había invitado el obispo. Creo que su nombre era Mons. Corrivau, canadiense.
Sólo un ejemplo más para no cansarle. En 1987 o 1988, más o menos, recibí una invitación a hablar a un numeroso grupo de laicos en Argentina, en la diócesis de Mons. Hesayne. Se trataba de revitalizar a los cristianos que habían sufrido durante la dictadura. Y acepté. Poco después recibí una carta de Mons. Hesayne diciéndome que mi visita a su diócesis había sido objeto de debate en una reunión de la Conferencia Episcopal. El cardenal Primatesta dijo que le parecía muy mal que yo fuese a hablar a Argentina. Monseñor Hesayne, me defendió como persona y defendió mi ortodoxia. Le preguntó al cardenal si había leído algún libro mío, y reconoció que no. Sin embargo, el obispo se vio obligado a cancelar la invitación. Me escribió y se disculpó con mucho cariño y humildad, y me pidió que comprendiese la situación. Le contesté que la comprendía y que le agradecía.
De lo que he dicho hasta ahora sobre Argentina tengo certeza. Lo que sigue lo oí a dos sacerdotes, no sé si de Argentina o de Bolivia, que pasaron por la UCA. Al verme, me dijeron que conocían en lo que había ocurrido en Argentina. En resumen, en la reunión de la Conferencia Episcopal le habían dicho a Mons. Hesayne que tenía que elegir: o invitaba a Jon Sobrino a su diócesis, y el Papa no pasaría por ella en la próxima visita a Argentina, o aceptaba la visita del Papa a su diócesis y Jon Sobrino no podía pasar por allí.
No quiero cansarle más, aunque créame que podría contar más historias. También de obispos que se han opuesto a que dé conferencias en España... Esta “mala fama” no creo que fuese algo específicamente personal, sino parte de la campaña contra la teología de la liberación.
Y ahora formulo mi segunda razón para no adherirme. Tiene que ver menos directamente con los documentos de la Congregación de la fe, y más con el modo de proceder del Vaticano en lo últimos 20 ó 30años. En esos años, muchos teólogos y teólogas, gente buena, con limitaciones por supuesto, con amor a Jesucristo y a la Iglesia, y con gran amor a os pobres, han sido perseguidos inmisericordemente. Y no sólo ellos. También obispos, como usted sabe, Monseñor Romero en vida (todavía hay quien no le quiere en el Vaticano, al menos no quieren al Monseñor romero real, sino a un Monseñor Romero aguado), Don Helder Camara tras su muerte, y Proaño, Don Samuel Ruiz y un muy largo etcetera… Han intentado descabezar, a veces con malas artes, a la CLAR, y a miles de religiosas y religiosos de inmensa generosidad, lo que es más doloroso por la humildad de muchos de ellos. Y sobre todo, han hecho lo posible para que desaparezcan las comunidades de base, los pequeños, los privilegiados de Dios…
Adherirme a la notificatio, que expresa en buena parte esa campaña y ese modo de proceder, muchas veces claramente injusto, contra tanta gente buena, siento que sería avalarlo. No quiero pecar de arrogancia, pero no creo que ayudaría a la causa de los pobres de Jesús y de la iglesia de los pobres.
3. Las críticas a mi teología del teólogo Joseph Ratzinger
Este tema me parece importante para comprender dónde estamos, aunque no es una razón para no suscribir la notificatio.
Poco antes de publicar la primera Instrucción sobre algunos aspectos de la “Teología de la liberación”, corrió, en forma manuscrita, un texto del cardenal Joseph Ratzinger sobre dicha teología. El Padre César Jerez, entonces provincial, recibió el texto de un jesuita amigo, de Estados Unidos. El texto fue publicado después en 30 giorni III/3 (1984) pp. 48-55. Yo lo pude leer, ya publicado, en Il Regno. Documenti 21 (1984) pp. 220-223. En este artículo se mencionan los nombres de cuatro teólogos de la liberación: Gustavo Gutiérrez, Hugo Assmann, Ignacio y Ellacuría, y el mío, que es el más frecuentemente citado. Cito textualmente lo que dice sobre mí. Las referencias son de mi libro Jesús en América Latina. Su significado para la fe la cristología, San Salvador, 1982.
a) Ratzinger: “Respecto a la fe dice, por ejemplo, J. Sobrino: La experiencia que Jesús tiene de Dios es radicalmente histórica. “Su fe se convierte en fidelidad”. Sobrino reemplaza fundamentalmente, por consiguiente, la fe por la “fidelidad a la historia” (fidelidad a la historia, 143-144).
Comentario. Lo que yo digo textualmente es: “su fe en el misterio de Dios se convierte en fidelidad a ese misterio”… con lo cual quiero recalcar la procesualidad del acto de fe. Digo también que “la carta (de los Hebreos) resume admirablemente cómo se da en Jesús la fidelidad histórica y en la historia a la práctica del amor a los hombres y la fidelidad al misterio de Dios” (p. 144). La interpretación de Ratzinger de remplazar la fe por la fidelidad a la historia está injustificada. Repito varias veces: “fidelidad al misterio de Dios”.
b) Ratzinger: “’Jesús es fiel a la profunda convicción de que el misterio de la vida de los hombres… es realmente lo último…’ (p. 144). Aquí se produce aquella fusión entre Dios y la historia que hace posible a Sobrino, conservar con respecto a Jesús la fórmula de Calcedonia pero con un sentido totalmente alterado: se ve cómo los criterios clásicos de la ortodoxia no son aplicables al análisis de esta teología.
Comentario. El contexto de mi texto es que “la historia hace creíble su fidelidad a Dios, y la fidelidad a Dios, a quien le instituyo, desencadena la fidelidad a la historia, al ‘ser a favor de otros’” (p. 144). Para nada confundo Dios y la historia. Además, la fidelidad no es a una historia abstracta, o alejada de Dios y absolutizada, sino que es la fidelidad al amor a los hermanos, lo que tiene una ultimidad específica en el Nuevo Testamento y es mediación de la realidad de Dios.
c) Ratzinger: “Ignacio Ellacuría insinúa este dato en la tapa del libro sobre este tema: Sobrino “dice de nuevo…que Jesús es Dios, pero añadiendo inmediatamente que el Dios verdadero es sólo el que se revela histórica y escandalosamente en Jesús y en los pobres, quienes continúan su presencia. Sólo quien mantiene tensa y unitariamente esas dos afirmaciones es ortodoxo…”
Comentario. No veo que tiene de malo las palabras de Ellacuría.
d) Ratzinger: “El concepto fundamental de la predicación de Jesús es “Reino de Dios”. Este concepto se encuentra también en el núcleo de las teologías de la liberación, pero leído sobre el trasfondo de la hermenéutica marxista. Según J. Sobrino el reino no debe comprenderse de modo espiritualista, ni universalista, ni en el sentido de una reserva escatológica abstracta. Debe ser entendido en forma partidista y orientado hacia la praxis. Sólo a partir de la praxis de Jesús, y no teóricamente, se puede definir lo que significa el reino; trabajar con la realidad histórica que nos rodea para transformarla en el Reino” (166).
Comentario. Es falso que yo hable del reino de Dios en el transfondo de la hermenéutica marxista. Sí es cierto que doy importancia decisiva a reproducir la praxis de Jesús para obtener un concepto que pueda acercarnos al que tuvo Jesús. Pero esto último es problema de epistemología filosófica, que tiene también raíces en la comprensión bíblica de lo que es conocer. Como dice Jeremías y Oseas: “hacer justicia, ¿no es eso conocerme?”.
e) Ratzinger: “En este contexto quisiera también mencionar la interpretación impresionante, pero en definitiva espantosa, de la muerte y de la resurrección que hace J. Sobrino. Establece ante todo, en contra de las concepciones universalistas, que la resurrección es, en primer lugar, una esperanza para los crucificados, los cuales constituyen la mayoría de los hombres: todos estos millones a los cuales la injusticia estructural se les impone como una lenta crucifixión (176). El creyente toma parte también en el reinado de Jesús sobre la historia a través de la implantación del Reino, esto es, en la lucha para la justicia y por la liberación integral, en la transformación de las estructuras injustas en estructuras más humanas. Este señorío sobre la historia se ejerce, en la medida en que se repite en la historia el gesto de Dios que resucita a Jesús, esto es, dando vida a los crucificados de la historia (181). El hombre asumió las gestas de Dios, y en esto se manifiesta toda la transformación del mensaje bíblico de modo casi trágico, si se piensa cómo este intento de imitación de Dios se ha efectuado y se efectúa”.
Comentario. Si la resurrección de Jesús es la de un crucificado, me parece al menos plausible comprender teológicamente la esperanza en primer lugar para los crucificados. En esta esperanza podemos participar “todos “ en la medida en que participemos en la cruz.
Y “repetir en la historia el gesto de Dios” es obviamente lenguaje metafórico. Nada tiene que ver con hybris y arrogancia. Hace resonar el ideal de Jesús: “sean buenos del todo como el Padre celestial es bueno”.
Hasta aquí el comentario a las acusaciones de Ratzinger. No reconozco mi teología en esta lectura de los textos. Además, como usted recordará, el P. Alfaro escribió un juicio sobre el libro del que Ratzinger saca las citas, sin encontrar error alguno en su artículo “Análisis del libro ‘Jesús en América Latina’ de Jon Sobrino”, Revista Latinoamericana de Teología 1, 1984, pp. 103-120).
Por lo que toca a la ortodoxia concluye textualmente:
“a) Expresa y repetida afirmación de fe en la divinidad (filiación divina) de Cristo a lo largo de todo el libro;
b) reconocimiento creyente del carácter normativo y vinculante de los dogmas cristológicos, definidos por el magisterio eclesial en los concilios ecuménicos;
c) fe en la escatología cristiana, iniciada ya ahora en el presente histórico como anticipación de su plenitud venidera meta-histórica (más allá de la muerte);
d) fe en la liberación cristiana como “liberación integral”, es decir, como salvación total del hombre en su interioridad y en su corporalidad, en su relación a Dios, a los otros, a la muerte y al mundo. Estas cuatro verdades de la fe cristiana son fundamentales para toda cristología. Sobrino las afirma sin ninguna ambigüedad” (p. 117-118).
Y es grave que, sin citar mi nombre, la Instrucción de 1984, IX. Traducción “teológica de este núcleo”, repite algunas ideas que Ratzinger piensa haber encontrado en mi libro. “Algunos llegan hasta el límite de identificar a Dios y la historia, y a definir la fe como ‘fidelidad a la historia’…” (n. 4).
Creo que el cardenal Ratzinger, en 1984, no entendió a cabalidad la teología de la liberación, ni parece haber aceptado las reflexiones críticas de Juan Luis Segundo, Teología de la liberación. Respuesta al cardenal Ratzinger, Madrid, 1985, y de I. Ellacuría, “Estudio teológico-pastoral de la Instrucción sobre algunos aspecto de ‘la teología de la liberación’”, Revista Latinoamericana de Teología 2 (1984) 145-178. Personalmente creo que hasta el día de hoy le es difícil comprenderla. Y me han disgustado un comentario que he leído al menos en dos ocasiones. Es poco objetivo y puede llegar a ser injusto. La idea es que “lo que buscan los (algunos) teólogos de la liberación es conseguir fama, llamar la atención”.
Termino. No es fácil dialogar con la Congregación de la fe. A veces parece imposible. Parece que está obsesionada por encontrar cualquier limitación o error, o por tener por tal lo que puede ser una conceptualización distinta de alguna verdad de la fe. En mi opinión, hay aquí, en buena medida, ignorancia, prejuicio y obsesión para acabar con la teología de la liberación. Sinceramente no es fácil dialogar con ese tipo de mentalidad.
Cuántas veces he recordado el presupuesto de los Ejercicios: “todo buen cristiano ha de ser más pronto a salvar la proposición del prójimo que a condenarla”. Y estos días he leído en la prensa un párrafo del libro de Benedicto XVI, de próxima aparición, sobre Jesús de Nazaret. “Creo que no es necesario decir expresamente que este libro no es en absoluto un acto magisterial, sino la expresión de mi búsqueda personal del «rostro del Señor» (salmo 27, 8) Por lo tanto, cada quien tiene libertad para contradecirme. Sólo pido a las lectoras y a los lectores el anticipo de simpatía sin la cual no existe comprensión posible”. Personalmente le ofrezco al papa simpatía y comprensión. Y deseo vehementemente que la Congregación de la fe trate a los teólogos y teólogas de la misma manera.
4. Problemas de fondo importantes
En mi respuesta de marzo de 2005 traté de explicar mi pensamiento. Ha sido en vano. Por eso ahora no voy a comentar, una vez más, las acusaciones que me hace la notificatio, pues fundamentalmente son las mismas. Sólo quiero mencionar algunos temas importantes, sobre los que en el futuro podamos ofrecer algunas reflexiones.
1. Los pobres como lugar de hacer teología. Es un problema de epistemología teológica, exigido o al menos sugerido por la Escritura. Personalmente, no dudo de que desde los pobres se ve mejor la realidad y se comprende mejor la revelación de Dios.
2. El misterio de Cristo siempre nos desborda. Mantengo como fundamental el que sea sacramento de Dios, presencia de Dios en nuestro mundo. Y mantengo como igualmente fundamental el que sea un ser humano e histórico concreto. El docetismo me parece que sigue siendo el mayor peligro de nuestra fe.
3. La relacionalidad constitutiva de Jesús con el reino de Dios. En las palabras más sencillas posibles, éste es un mundo como Dios lo quiere, en el que haya justicia y paz, respeto y dignidad, y en el que los pobres estén en el centro de interés de los creyentes y de las iglesias. Igualmente, la relacionalidad constitutiva de Jesús con un Dios que es Padre, en quien confía totalmente, y en un Padre que es Dios ante quien se pone en total disponibilidad.
4. Jesús es hijo de Dios, la palabra hecha sarx. Y en ello veo el misterio central de la fe: la transcendencia se ha hecho transdescendencia para llegar a ser condescendencia.
5. Jesús trae la salvación definitiva, la verdad y el amor de Dios. La hace presente a través de su vida, praxis, denuncia profética y anuncio utópico, cruz y resurrección. Y Puebla, remitiéndose a Mt 25, afirma Cristo “ha querido identificarse con ternura especial con los más débiles y pobres” (n. 196). Ubi pauperes ibi Christus.
6. Muchas otras cosas son importantes en la fe. Sólo quiero mencionar una más, que Juan XXIII y el cardenal Lercaro proclamaron en el Vaticano II: La Iglesia como “Iglesia de los pobres”. Iglesia de verdadera compasión, de profecía para defender a los oprimidos y de utopía para darles esperanza.
7. Y en un mundo gravemente enfermo como el actual proponemos como utopía que ”extra pauperes nulla salus”.
De estos y de muchos otros temas hay que hablar más despacio. Creo que es bueno que todos dialoguemos. Personalmente estoy dispuesto a ello.
Querido Padre Kolvenbach esto es lo que quería comunicarle. Bien sabe usted que, aunque estas cosas son desagradables, puedo decir que estoy en paz. Esta viene del recuerdo de innumerables amigos y amigas, muchos de ellos mártires. Estos días, el recuerdo del P. Jon Cortina nos trae de nuevo la alegría. Si me permite hablarle con total sinceridad, no me siento “en casa” en ese mundo de curias, diplomacias, cálculos, poder, etc. Estar alejado de “ese mundo”, aunque yo no lo haya buscado, no me produce angustia. Si me entiende bien, hasta me produce alivio.
Sí siento que la notificatio producirá algún sufrimiento. Por decirlo con sencillez, algo sufrirán mis amigos y familiares, una hermana que tengo, muy cercana a Monseñor Romero y a los mártires. Pienso también que hará la vida más difícil, por ejemplo a mi gran amigo el P. Rafael de Sivatte. Si no fuesen pocos los problemas que ya tiene para mantener con seriedad el Departamento de Teología -que lo mantiene muy bien por su gran capacidad, dedicación y ciencia- tendrá ahora que buscar otro profesor de cristología, y, como usted sabrá, también tendrá que buscar otro profesor de Historia de la Iglesia, pues, injustamente, el P. Rodolfo Cardenal no va a dar clases, pues no es bien visto por la jerarquía del país.
No sé si esta larga carta le ayudará en sus conversaciones con el Vaticano. Ojalá así sea. He procurado ser lo más sincero posible. Y le agradezco todos los esfuerzos que ha hecho para defendernos.
Le recuerdo con afecto ante el Señor.
Jon Sobrino


Comentarios
El documento, firmado por el prefecto de ese dicasterio vaticano, el cardenal estadounidense William Cardenal Levada, explica que estas discrepancias afectan a cuestiones centrales al cristianismo, como son «la divinidad de Jesús», «la encarnación del Hijo de Dios», «la relación entre Jesucristo y el Reino de Dios», «la autoconciencia de Jesucristo» y «el valor salvífico de su muerte».
El padre Sobrino, nacido en 1938 en el seno de una familia vasca, llegó a El Salvador, siendo novicio de la Compañía de Jesús, en 1957, con 18 años, quedando sumamente impresionado por la dramática realidad social del país centroamericano.
Exponente de una de las corrientes de la Teología de la Liberación, ha dedicado la mayor parte de su vida a la docencia teológica en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) de San Salvador.
La Congregación explica que, en el año 2001, cuando su prefecto era el cardenal Joseph Ratzinger, se decidió emprender una investigación sobre las obras del padre Sobrino al haberse constatado errores y dada su amplia divulgación en seminarios y otros centros de estudio, sobre todo en América Latina.
La «Notificación» se centra en dos obras del padre Sobrino: «Jesucristo liberador. Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret» (Madrid, 1991) y «La fe en Jesucristo. Ensayo desde las víctimas» (San Salvador, 1999).
Los pobres
La «Nota explicativa» que ha publicado la Congregación para acompañar a la «Notificación» comienza aclarando que la preocupación del padre Sobrino por los pobres en América Latina «es ciertamente la de la Iglesia entera».
Ratifica «la opción preferencial por los pobres», aclarando que «lejos de ser un signo de particularismo o de sectarismo, manifiesta la universalidad del ser y de la misión de la Iglesia. Dicha opción no es exclusiva».
Ahora bien, aclara la «Notificación», se da un error de metodología en la obra del sacerdote. En su libro «Jesucristo liberador», el padre Sobrino afirma: «La cristología latinoamericana [.] determina que su lugar, como realidad sustancial, son los pobres de este mundo, y esta realidad es la que debe estar presente y transir cualquier lugar categorial donde se lleva a cabo».
«El lugar eclesial de la cristología no puede ser la "Iglesia de los pobres" sino la fe apostólica transmitida por la Iglesia a todas las generaciones», aclara el documento vaticano. «El teólogo, por su vocación particular en la Iglesia, ha de tener constantemente presente que la teología es ciencia de la fe».
Divinidad de Jesús
El texto constata que «diversas afirmaciones del autor tienden a disminuir el alcance de los pasajes del Nuevo Testamento que afirman que Jesús es Dios». Según el documento, Sobrino, considera que «la divinidad de Jesús ha sido afirmada sólo después de mucho tiempo de reflexión creyente y que en el Nuevo Testamento se halla solamente "en germen"».
Sin embargo, explica la Santa Sede, «la confesión de la divinidad de Jesucristo es un punto absolutamente esencial de la fe de la Iglesia desde sus orígenes y se halla atestiguada desde el Nuevo Testamento».
La encarnación del Hijo de Dios
En este sentido, la nota considera que en las obras analizadas del padre Sobrino se establece «una distinción entre el Hijo y Jesús» sugiriendo «la presencia de dos sujetos en Cristo.
«No resulta claro que el Hijo es Jesús y que Jesús es el Hijo». Esta visión, señala, «resulta incompatible con la fe católica, que afirma la unidad de la persona de Jesucristo en las dos naturalezas, divina y humana», según las formulaciones los Concilios de la Iglesia.
Jesucristo y el Reino de Dios
Al presentar a Jesucristo y el Reino de Dios, según la «Notificación», el padre Sobrino no deja claro que Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres, como «siempre» ha afirmado la Iglesia: «su mediación es única, singular, universal e insuperable». Por el contrario, según el teólogo, «la persona de Jesús, como mediador, no se puede absolutizar».
La autoconciencia de Jesucristo
Según el documento, «la relación filial de Jesús con el Padre, en su singularidad irrepetible no aparece con claridad», en las obras analizadas, más aún, «llevan más bien a excluirla».
En ocasiones, Sobrino dice que Jesús es «un creyente como nosotros». Pero, «si Jesús fuera un creyente como nosotros, aunque de manera ejemplar, no podría ser el revelador verdadero que nos muestra el rostro del Padre», advierte la Santa Sede.
El valor salvífico de la muerte de Jesús
«Algunas afirmaciones»de Sobrino, dice la «Notificación» «hacen pensar que, según él, Jesús no ha atribuido a su muerte un valor salvífico»: El teólogo afirma literalmente: «no hay datos para pensar que Jesús otorgara un sentido absoluto trascendente a su propia muerte».
«La muerte de Cristo es "exemplum" [ejemplo, ndr.] y no "sacramentum" (don). La redención se reduce al moralismo», considera la nota.
Sin embargo, dice citando al Concilio Vaticano II la nota: «El Hijo de Dios, en la naturaleza humana que unió a sí, venciendo la muerte con su muerte y resurrección, redimió al hombre y lo transformó en una criatura nueva».
Tras un examen de casi tres años sobre obras del padre Sobrino, la Congregación para la Doctrina de la Fe le envió un elenco de proposiciones erróneas o peligrosas encontradas en los libros citados.
En el mes de marzo de 2005 el padre Sobrino envió a la Congregación una «Respuesta al texto de la Congregación para la Doctrina de la Fe», la cual fue examinada en la Sesión Ordinaria del 23 de noviembre de 2005.
«Se constató que, aunque en algunos puntos el autor había matizado parcialmente su pensamiento, la Respuesta no resultaba satisfactoria, ya que, en sustancia, permanecían los errores que habían dado lugar al envío del elenco de proposiciones ya mencionado».
«Aunque la preocupación del autor por la suerte de los pobres es apreciable, la Congregación para la Doctrina de la Fe se ve en la obligación de indicar que las mencionadas obras del P. Sobrino presentan, en algunos puntos, notables discrepancias con la fe de la Iglesia».
Por este motivo, la Congregación ha publicado la «Notificación», «para poder ofrecer a los fieles un criterio de juicio seguro, fundado en la doctrina de la Iglesia, acerca de las afirmaciones» del teólogo en sus libros.
Para expresar el rechazo a la decisión, emitida por el papado de Benedicto XVI, está iniciándose la campaña "Querido Jon Sobrino, estamos juntos, juntas...". La campaña consiste en enviar cartas al religioso, donde las personas hablen sobre el provecho conseguido por la lectura de libros tales como "Jesús Cristo Libertador - Lectura Histórica/Teológica de Jesús de Nazaret" y "La Fe en Jesús Cristo - Ensayo a partir de las víctimas", los dos que fueron analizados por la comisión del Vaticano, que acusa al teólogo de "humanizar por demás" la figura de Jesús Cristo.
Muchos sectores de la Iglesia vienen manifestándose sobre el asunto. Una de ellas es la Congregación de Defensa de la Fe. En palabras del fraile João Xerri, la Congregación "no va a cambiar, ni ablandar su posición - están premeditando esto hace años - pero la tarea esencial ahora es hacer que Sobrino sepa que no esta solo, que existen muchas otras personas en la iglesia que fueron inspiradas por sus escritos"
Las cartas deben ser enviadas a la siguiente dirección:
P. Jon Sobrino, S.J.
3a. Calle Poniente
Walter Soundy 1-1
04102 Santa Tecla (La Libertad)
El Salvador
Tel (503)-2228-3037
Fax (503)-2288-2245
E-mail: jsobrino@cmr.uca.edu.sv
O a:
P. José Alberto Idiáquez Guevara, S.J.
Ave. Río Lempa, 9N
Jardines de Guadalupe
Antiguo Cuscatlán (La Libertad)
El Salvador
Tel (503)-2257-8590
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APARECIDA, 17 May. 07 (ACI).-El Presidente de la Conferencia de Provinciales Jesuitas en América Latina, P. Ernesto Cavassa, SJ, expresó en conferencia de prensa durante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, la esperanza de que la teología del P. Jon Sobrino se verá reivindicada con el tiempo, y que, por tanto, la notificación de la Congregación para la Doctrina de la Fe quedará desfasada históricamente.
El 14 de Marzo de este año, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó una Notificación sobre algunas obras del sacerdote jesuita Jon Sobrino, señalando la existencia de algunas proposiciones que "no están en conformidad con la doctrina de la Iglesia" en dos de las obras de Sobrino: "Jesucristo liberador. Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret" y "La fe en Jesucristo. Ensayo desde las víctimas".
Los errores que apunta la Congregación se refieren a los presupuestos metodológicos en los que Sobrino funda su reflexión teológica, que cuestiona a la divinidad de Jesucristo, la encarnación del Hijo de Dios, la relación entre Jesucristo y el Reino de Dios, la autoconciencia de Jesucristo y, finalmente, el valor salvífico de su muerte.
En la Nota explicativa, que cuenta con la aprobación del Papa Benedicto XVI, se reconoce que el teólogo liberacionista manifiesta en sus obras preocupación por los pobres, preocupación que es "ciertamente la de la Iglesia entera".
Sin embargo, recuerda haciendo alusión a la Instrucción "Libertatis conscientia" de dicha Congregación, que "dicha opción no es exclusiva" y que por ello "la Iglesia no puede expresarla mediante categorías sociológicas o ideológicas reductivas, que harían de esta preferencia una opción partidista y de naturaleza conflictiva".
Interrogado por un militante alemán vinculado a la organización "Amerindia" sobre la censura a las obras de Jon Sobrino, el P. Cavassa respondió textualmente:
"La notificación a Jon Sobrino no es una condenación sino una notificación. Es muy distinto. Dentro de la notificación, este es el modo de más baja categoría que la jerarquía de la Iglesia tiene para publicar, pues tiene todo el derecho, de los puntos que no comparte y lo hace a la luz pública porque eso es lo que debe hacer".
"Puede estar en desacuerdo con algunos puntos de su teología, pero no puede decir en absoluto que la Iglesia no reconoce el testimonio de Jon. Eso lo dice expresamente la notificación. Y es muy importante que lo haga".
"La notificación no dice absolutamente nada sobre una sanción que le impida la enseñanza académica, por lo tanto esto queda fuera de la notificación. La notificación se refiere a algunos puntos teológicos en dos de sus obras, que por lo demás son temas debatidos, cuestiones disputadas, que la mayoría de ellas no son propias. Él las recoge a su vez de otros. La mayor parte de las veces de teólogos europeos. Esas formulaciones que él tiene en esas obras han sido previamente pasadas por otros teólogos compañeros con la finalidad de ver si esto está o no está dentro de la fe de la Iglesia. En general la mayoría de las veces la respuesta ha sido positiva".
Continuando con su respuesta, el jesuita agregó: "No es la primera vez que se notifica a un teólogo de la Iglesia con este tipo de supuestos errores o desavenencias que la jerarquía pueda tener. Los mismos teólogos de los años 50 (que) eran considerados como ajenos a la ortodoxia de la Iglesia, fueron los teólogos del Concilio 10 o 13 años después".
Tomando el ejemplo del controvertido teólogo y antropólogo jesuita Pierre Theilard de Chardin, muchas de cuyas ideas –como la del "Cristo Cósmico" o "el Punto Omega"– siguen siendo rechazadas por la doctrina de la Iglesia, el Presidente de la Conferencia de Provinciales Jesuitas en América Latina señaló que "al Padre Chardin se le pidió dejar de publicar cosas (y) es uno de los que más aportes se le reconoce a la fe de la Iglesia. Esta relación entre carisma e institución no es nueva en la Iglesia y nos va a acompañar siempre".
ACI Prensa preguntó al P. Cavassa si podía clarificar su respuesta, pues de ella se colegía que en diez años se terminaría comprobando que la que estaba equivocada era la Congregación para la Doctrina de la Fe y no el P. Sobrino; pero el Provincial jesuita peruano respondió "no sé si de lo dicho se puede sacar la conclusión que el periodista de ACI Prensa ha extraído. Creo que es una interpretación que no es la más adecuada"; y desistió de clarificar, pasando a contestar otro tema.
ACI Prensa lo abordó nuevamente de manera personal, para confirmar su posición sobre el tema. Sin embargo, el P. Cavassa se reafirmó en su postura respecto de que el tiempo terminará reivindicando a Sobrino: "ha habido casos en los que la Congregación ha estado equivocada, yo no puedo saber lo que va a pasar en el futuro, ¿Acaso lo puedes saber tú?", fue la respuesta conclusiva del jesuita.