Satisfacciones de la vida

En una hoja arrancada quizá de mi propio cuaderno, amarilla, diseñada por los mismos estudiantes para quienes trabajo, -aunque más preciso sería decir: comparto y con quienes intento permanecer joven día tras día-, hoy he recibido una nota.

Dos tipos de letras, ambas firmes y con un trazo todavía mezcla de apuro y emoción... Una sola sensación generosa que bien se puede resumir en las dos primeras líneas de la que resultó ser una carta "guardada" en la agenda de mi propia oficina: en la nueva agenda, la que luego del inicio del año todavía no he comenzado a utilizar. Esa nota que tanto trabajo me costó encontrar entre los papeles de mi escritorio...

Aquellas dos líneas que con sencillez decían: "muchas gracias por escucharnos y por brindarnos con tanta espontaneidad tu tiempo".

Cuando pudiera parecer que las malas noticias invaden, junto con los noticieros nuestras cenas, y junto con la gracia del amigo nuestras reuniones, hay días, como hoy, en que uno -yo, pues- no espera encontrarse con una finura, regalo que emociona la mañana y hace que siga siendo divertida la lluvia de la tarde... que permite que la vida siga teniendo sentido y fortalece una vocación que tiene poco tiempo para preguntarse por sí misma en un mundo veloz de actividades.

Simplemente terminaré plagiando una oración, que la hago mía, del mismo texto que un par de estudiantes y amigos han dejado hoy en mi oficina y del cual estoy escribiendo: y es que realmente "me siento complacido de haber ocupado ese tiempo"...

Chicos, de verdad muchas gracias.

Con cariño,
Francisco Javier

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