Las nostalgias se van...

El escritor y poeta uruguayo Mario Benedetti murió hoy en su domicilio de Montevideo a los 88 años de edad, a once días de haber recibido el alta médica por una enfermedad intestinal crónica, según informaron medios de prensa locales.
Benedetti, había sido hospitalizado el pasado 24 de abril con una dolencia digestiva crónica que le originó sangrado de colon y una descompensación respiratoria.
El miércoles 6 de mayo fue dado de alta tras responder satisfactoriamente al tratamiento médico, en la que fue su cuarta internación hospitalaria durante 2009.
El más prolífico escritor uruguayo, integrante de la denominada Generación del 45 , editó en septiembre pasado “Testigo de uno mismo”, escrito en verso, y antes de su internación trabajaba en un nuevo libro de poesía bajo el nombre de “Biografía para encontrarme”.
Rostro de vos
Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.
Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.
Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.
Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición.
Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.
Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.
Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.
Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad


Comentarios
con tus puestas de sol y tus amaneceres.
Sembrando tu confianza te dejo junto al mundo
derrotando imposibles, segura sin seguro.
Te dejo frente al mar descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas sin mi respuesta rota.
Te dejo sin mis dudas pobres y malheridas
sin mis inmadureces sin mi veteranía.
Pero tampoco creas a pie juntillas todo
no creas nunca creas este falso abandono.
Estaré donde menos lo esperes
por ejemplo en un árbol añoso de oscuros cabeceos.
Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto en tu sombra y mi sombra.
Estaré repartido en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás y enseguida te siguen.
Y ojalá pueda estar de tu sueño en la red
esperando tus ojos y mirándote.