Acabo de ser tío
Aquel salsero panameño cuyo estilo es conocido como el de "salsa intelectual", Rubén Blades, en una de sus más famosas composiciones escribía un corito que no sé si se volvió famoso a propósito de la canción o fue al revés: que por famoso él lo incluyó en el texto; sin lugar a dudas lo cierto es que en esa época yo era muy pequeño para saberlo. En todo caso hace un par de días he vuelto a reconocer que eso de "la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida" se volvía a cumplir, con todo "ay, Dio'" incluido...
Yo, bastante menos intelectual (y bastante menos salsero a menos que la fiesta lo amerite), este fin de semana he tenido una escalofriante noticia, quizá porque no había sido lo suficientemente listo para saberlo... noticia que causó una conmoción en la familia: ¡¡pues nada más ni nada menos que era tío desde hace tiempo y no lo sabía!!
Pese a la sólida formación recibida en el hogar, a veces uno comete errores por desconocimiento (¡y vaya que realmente era desconocimiento!). Había crecido teniendo una idea equivocada. Pues resultó que algo en lo que yo nunca había dudado era verdad y hasta ahora no salgo del asombro.
No sé porqué en mi familia siempre habíamos tenido la idea de que los hijos de los tíos son los primos y los hijos de los primos son los primos segundos... ¡menudo error!
Acabo de descubrir que los hijos de los primos (primos hermanos) se han sabido llamar sobrinos. ¿Se dan cuenta? Así que en un minuto de iluminación llegada por Internet he pasado de ser un jovencito sin obligaciones (porque ventajosamente oficio y beneficio sí que los tengo) a pasar a ser tío... tío de 10 sobrinos segundos. Encarguito adquirido nada más y nada menos que prácticamente desde que nací, pues mi primera "sobrina" es apenas dos años menor que yo.
¡Imagínense! Eso quiere decir que la foto de la Navidad pasada, en vez de ser la foto de los "primos" es la de los "sobrinos"... Entonces, mi hermana (con quien comparto semejante responsabilidad) y yo teníamos que habernos puesto para la foto en el medio, para que los "chiquitos" respeten la jerarquía que nos es propia.
Lo peor de todo es que al paso que vamos, probablemente dentro de poco una de mis "sobrinas segundas" pudiera ser mamá, lo que me convertiría en "tío abuelo segundo".
¡Jesús, Jesús!
Mejor dejo de escribir y ahora mismo llamo a mi abogado para cambiar mi testamento, y me voy resignando a ciertas cosas que la edad llama...



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