En una tarde de lluvia
Siento el estruendo aquel de cuando solemne caes a la tierra y la fecundas.
Me estremezco ante las ondas de mi propia figura que se asoma en el piso.
Me lleno del vacío que produces sobre la faz de la tierra, de la frecuencia de tu ritmo;
y me recojo sobre mi propio abrazo que me mantiene tibio, mientras disfruto de tu presencia abrumadora
y de mi soledad...


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