De Modesto a Lucrecia
Lucrecia, digo, lo siento todavía,
siento el mismo nombre que una vez sentí,
ahora en otras tierras,
quiero que me acompañes
a visitar París.
Del andar sobre los puentes del Sena,
la abadía de Saint-Germain des Prés,
te quiero toda,
toda a ti te quiero
de rosas y perfumes en el Ritz.
Vista a la Place Vendôme, noche de otoño,
ojos coquetos, tacto y tu pícara nariz;
de Mozart, escuchar,
su inconcluso Réquiem,
disfrutar de la cena en el Chez Lipp.
¿Me quieres? Yo te quiero: Je t’aime,
susúrramelo al oído en Maxim’s.
Hacerle honor al último tango,
nuestro último de aquellos
en la noche templada de París.
Y si no me quieres todavía:
Louvre y su Gioconda…
¿recuerdas cuando niños, jugando a los franceses: “monalis”?
aspirar tu aire hasta morir contigo,
y muriendo volver a ser feliz.









Comentarios