Gonzalo López Marañón

Mons. Gonzalo López Marañón

¿Cómo trasmitir lo sucedido en la iglesia de Sucumbíos en el nororiente del Ecuador? La mera información no alcanza y no es suficiente para “cubrir” los sentimientos, el autoritarismo al pretender acabar con 40 años de evangelización de los Carmelitas Descalzos, y la indignación de un pueblo que ha decidido seguir viviendo el evangelio de Jesús.

Desde los versos de César Vallejo y el testimonio de Mons. Gonzalo López Marañón, ocd., ex -Vicario Apostólico de Sucumbíos, intentamos un acercamiento a los efectos que está produciendo la presencia de los Heraldos del Evangelio en la Iglesia de Sucumbíos.

“Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé!”

“Lo que sí me da duro al corazón, es el ultraje irrogado a la pobre Iglesia de Sucumbíos con la llegada de la nueva administración apostólica de los Heraldos del Evangelio (qué elección tan despiadada, Señor!), bajo la consigna de que todo debe ser arrasado, cosa que ya empieza a suceder, por lo que me dicen: eso sí está dentro de mí como una espada, pues amo a la Iglesia de Sucumbíos hasta dar la vida por ella, como también a nuestra Madre Iglesia”. (Gonzalo López Marañón,ocd., ex -Vicario Apostólico de Sucumbíos -desde el exilio – carta dirigida a los obispos del Ecuador, diciembre 22, 2010.

“Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.”

“No me puedo quejar de lo que la vida me deparó, puesto que la bondad del Padre Dios me permitió colmar, mucho más de lo que yo hubiera pensado, todas mis ilusiones misioneras en el Nororiente ecuatoriano, las cuales me habían acompañado desde la niñez de mi vocación carmelita, en alegre sintonía (así lo siento después de todo, desde lo íntimo de mi corazón), con los grandes profetas – santos del Carmelo, y con la Iglesia – Comunión, emanada del Concilio Vaticano II y del episcopado latinoamericano en sus históricas conferencias continentales”. (Gonzalo López Marañón, ocd.)

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

“De ahí que mirando hacia atrás me resulte tan curioso ahora, el percibir que el pecado por el que se me está enjuiciando con tanto rigor en estos tiempos, sea haber querido responder con toda determinación y sin medir consecuencias humanas, a las demandas del Evangelio de Jesús en su Iglesia! Pero con todo, doy gracias al Señor porque, a pesar de mis muchas limitaciones, me dio fuerzas para buscar ser fiel a su corazón.” (Gonzalo López Marañón, ocd.).

“Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.”

“Podrán preguntarse ustedes cómo me siento dentro de este cerco intimidante. Y puedo asegurarles como hermanos en la fe y en el ministerio episcopal, que en lo personal me siento muy libre, feliz y afortunado, porque Dios me concedió cumplir la misión que me encomendó a través de un tramo bíblico de tiempo, y porque estoy siendo tratado como Jesús, al que me propuse seguir lo mejor que pude: qué fortuna para mí, hermanos, qué gran bendición inmerecida, poder hacer mías las palabras del apóstol Pablo en esta hora: “estoy contento en mis tribulaciones sufridas por Cristo .., pues de este modo suplo lo que le falta a la pasión del Señor.” Gracias, gracias sean dadas a Él. (Gonzalo López Marañón, ocd.).

“Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!”

El 30 de octubre, el Vaticano nombró como sucesor de López Marañón al sacerdote Rafael Ibarguren Schindler, de la sociedad clerical Heraldos del Evangelio. Y con él, dispuso que esa agrupación religiosa administrara la iglesia de Sucumbíos.

Desde Roma, el cardenal Días fue enfático al referir que Ibarguren debería emprender un cambio radical en Sucumbíos: “El nuevo Administrador Apostólico tendrá que organizar el Vicariato e implantar de manera diferente todo el trabajo pastoral”.

“Por acciones como éstas, fríamente elaboradas desde escritorios y criterios tan lejanos al Evangelio de Jesús, a la piedad y realidad de los pobres, es por lo que nuestra Iglesia Católica sufre en estos tiempos tanto dolor y turbación en diferentes países… !ahora sólo nos quedan Dios y los pobres!…Pero vean: en tanto se urden estas maquinaciones hacia dentro, la vida bulle por fuera llena de reproches e indignación por lo sucedido conmigo y con Sucumbíos (Gonzalo López Marañón, ocd.)

El martes 24 de mayo, a las 6 de la tarde, Mons. Gonzalo López, inició con la celebración de una misa un ayuno indefinido en el Parque Alameda de Quito, por la reconciliación y reconstrucción de la Iglesia de Sucumbíos. Porque como dice Aparecida, “El Pueblo de Dios se construye como una comunión de Iglesias particulares, y, a través de ellas, como un intercambio entre las culturas”. (Aparecida, 182)

“¡Entrelazándose hablarán los mudos, los tullidos andarán!
¡Verán, ya de regreso, los ciegos
y palpitando escucharán los sordos!
¡Sabrán los ignorantes, ignorarán los sabios!
¡Serán dados los besos que no pudisteis dar!
¡Sólo la muerte morirá!”

Fotografía de Pepe Mármol.

Poemas: “Los Herlados Negros”, “Himno a los voluntarios de la República” de César Vallejo.

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