Una historia
No, no fue el del Pato Urrutia. Él nació en la misma fecha pero un año antes. Ni el de Paul Robinson, otro futbolista pero británico, quien en cambio nació un año después.
Once años más tarde de la fecha que nos ocupa, el Congreso Nacional Africano liderado por Nelson Mandela fue legalizado tras casi treinta años de prohibición.
Y ese mismo día, pero luego de treinta y tres años, en más de seiscientas cincuenta ciudades de cerca de ochenta países se llevó a cabo manifestaciones pacíficas para reclamar un cambio por la mala gestión de la clase política...
Un día después, asumió el pontificado un polaco, Juan Pablo II.
Y treinta y siete días antes, la bella ciudad de Quito había sido declarada por la Unesco como primer patrimonio cultural de la humanidad.
En ese mismo año, pero el 19 de junio, se publicó en 49 periódicos la primera historieta del popular gatito naranja regordete, Garfield.
Y el 25 de ese mismo mes, Argentina ganaba la copa mundial de fútbol de la FIFA.
Nadie, -y evidentemente yo menos-, sabía que don Omar había nacido aquel año, el 10 de febrero. Aunque probablemente sí se recuerde que en ese año salió a la luz y dio a la fama la célebre película Grease (Vaselina) y otra ganó el Globo de oro, El expreso de media noche...
Una historia, tantas historias, como las que me he encontrado yo mismo en estos treinta y tres años de vida, desde cuando nací ochomesino allá en la clínica del centro histórico con el doctor Mosquera y cerca de las diez de la noche.
Tantas historias como posibilidades de aprender, emprender, disfrutar y equivocarme en los buenos oficios de niño cantante que al cambiar la voz dejó de hacerlo y mas bien recurrió al sintetizador como plan b.
O de periodista, fotógrafo, sonidista (lo que me llevó a destruir el equipo de sonido de la familia y a estropear muchas horas de los mejores cassettes de música de mis padres con todo tipo de grabaciones...) y luego teólogo, ingeniero y profesor...
Contextos, lugares, amigos y amores, travesuras... como el sacar, a los 15, a escondidas, la pequeña camioneta Datsun 1200 de mi vecino y con él y otro amigo más recorrer algunos kilómetros de ingenuas aventuras de bombas y agua en carnaval, entre otras que como aquel lugar de la mancha, tampoco quiero acordarme.
Nunca fui bueno para los deportes, al menos oficiales. Excepción hecha por el básquet, cuya práctica aún en medio de "gigantes" me resultaba divertida y provechosa, esforzada y gratificante, pues normalmente me encontraba en el bando ganador. Todavía me acuerdo cuando un amigo seleccionado del colegio comenzó a llamarme "Air Panchito", ja ja.
Experiencia radicalmente diferente de mi repentino paso por el equipo de gimnasia... repentino y esforzado, casi doloroso pero muy bueno al fin.
33 años que se han pasado como un suspiro pero que llevan detrás de sí el regalo de haberlos vivido, -y vivirlos todavía-, de la mejor forma que he podido, quizá algo tímido y silencioso pero muy alegre en mi familia y los amigos que he podido hacer y quienes han hecho mi vida más bella, digna de ser disfrutada y muestra de la bondad de Dios manifiesta.
Una historia, tantas historias, que como dice un amigo, se han escrito rectas aún con renglones torcidos y quieren seguir haciéndolo en lo sencillo de las cosas buenas y con la misma alegría de las carreras de bicicletas cuando había que levantarse temprano para salir a jugar en las vacaciones.
Con una sola certeza al compartirlas... que esta historia continuará...


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