Y al volver la vista atrás...

¿No les pasa, que pareciera que los días son más cortos, que las semanas pasan volando y que los meses nacen y finalizan antes de que pudiéramos darnos cuenta de que existen?

En las circunstancias actuales, -aunque sospecho que eso mismo dirían todos en todas "sus circunstancias actuales"-, el ritmo de la vida parece ir incrementándose cada vez más. Y pese a todos los artilugios tecnológicos que dicen "facilitarnos" la vida, el trabajo, la comunicación, cada día pareciera que transcurre a una velocidad mayor. En vez de quedarnos más tiempo para dedicarlo al descanso, a sí mismo y a la familia, yo sospecho que incluso las horas de sueño se ven mermadas por todo tipo de actividades.

Y entonces, ¿cómo evita uno volverse loco con un ritmo tan acelerado?

Mi secreto consiste en, de cuando en cuando, volver la vista atrás, disfrutar de lo caminado y dar las gracias a Dios.

Por valentía, ingenuidad o gracia he tenido la oportunidad de verme embarcado en todo tipo de aventuras, para la mayoría de las cuales no estaba preparado, -claro-. Tiempo de siembra, de disfrute, de ciega esperanza, de compartir con amigos... Una serie de momentos en los que se ha podido ir construyendo poco a poco en muchas tierras y no con pocas equivocaciones.

Pero, cuánto ayuda hacer una pausa sin otro objetivo que contemplar lo vivido y darse cuenta que la vida no ha sido en vano.

Darse cuenta que el presente superó lo que podíamos imaginar. Que los niños a quienes consolábamos por sus primeros amores de adolescencia son ahora profesionales, que quienes jugaban a hacer entrevistas ya trabajan en grandes producciones, que aquella que seguía con desconcierto el análisis de la realidad nacional ahora planifica los impuestos del país; que entre los que tuvieron que "soportar" largas horas de clases y tareas ahora hay ingenieros, subtenientes, futbolistas y estudiantes que sueñan en las mejores universidades...

A veces ellos no son conscientes, pero las vidas de tantas personas que se cruzaron alguna vez conmigo son esas consolaciones que dan sentido al actuar y a seguir teniendo esperanza en que todavía puede hacerse mejor.

Volver la vista atrás, dar gracias por todo bien recibido y seguir caminando... ese es el secreto.


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