Querido Santa
Querido
Papá
Noel o San Nicolás (para los
latinoamericanos, excepto para los chilenos para quienes eres el Viejito Pascuero, Colacho para los ticos o Papai
Noel para los brasileños)
Pare
Noel (para los catalanes)
Pai
Nadal (para los gallegos)
Santa
Claus (para los gringos)
Père
Noël (para los franceses)
Kerstman
(para los holandeses)
Father
Christmas (para los británicos)
Julenissen
(para los noruegos)
Julemanden
(para los daneses)
Joulupukki
(para los finlandeses... por cierto, saludos del Mauri)
Санта-Клаус
(para los rusos)
Jultomten
(para los suecos)
o simplemente Santa:
Una vez terminadas tus labores de cada año, en las que en una
sola y ajetreada noche debes recorrer los hogares de todo el mundo, dejando
presentes a los niños bien portados; en este, tu primer día del resto del año,
quiero saludarte afectuosamente y desear que hayas recibido la Navidad
disfrutando el recalentado (¡que suele ser tan bueno!) de la cena de Nochebuena
que seguramente tu esposa preparó y disfrutó sin tu presencia debido a tu
trabajo.
Por cierto, debe ser terrible tener que preparar tanta
parafernalia para una sola noche y no poder disfrutarla con tu propia familia.
Supongo que son consecuencias del oficio que tienes. De todas formas lo lamento.
Sabes, soy profesor de investigación y como no podía ser de
otra manera he estado investigando sobre ti y tu trabajo. Si consideramos que, por
ejemplo, según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), hay
alrededor de 2.100 millones de menores de 18 años en el planeta, lo que
constituye un 36% de la población mundial, y que casi todos se portaron “bien”,
-bueno, de este dato dudo un poco porque como comprenderás yo trabajo con niños
y más o menos conozco cómo se comportan-, me pregunto ¿cómo puedes hacer tus
entregas si estás bastante entrado en años y algo gordito para realizar tal
hazaña?
Hay un señor, Roger Highfield, autor del libro La física de Navidad, quien calculó que,
en la noche del 24 de diciembre, tú debes hacer casi 850 millones de paradas y
para ello, si viajas en sentido opuesto al de la rotación de la Tierra,
contarías con unas 24 horas para cumplir con tu misión. Es decir, que apenas
tienes algo más de 0,1 milésimas de segundo para cada una de tus entregas.
Vaya, ¡menudo trabajito el tuyo!
En estos días he estado pensando en ti y en cómo será tu vida
durante el resto del año... En el resto del año, digo, porque déjame decirte
que todos aquí sabemos como es tu vida en la Nochebuena. Tu estrategia de
marketing al respecto es impresionante, fiel reflejo de todo lo que hace la
empresa que te dio fama cuando en 1931 pidió al pintor Habdon Sundblom que te
diera los rasgos que ahora son tan populares de ti, incluyendo sus colores
institucionales, el rojo y el blanco, en tu traje oficial. No esperaba menos de
The Coca Cola Company, que también es
la empresa propietaria de mi bebida favorita. Si bien te hicieron famoso, yo te
recomendaría que revises si mantienes tu alianza estratégica con ellos, pues
este año la empresa apenas tuvo un crecimiento del 2%, lo que le llevó a dejar
el lugar de la marca más valiosa del mundo durante 13 años, cediéndoselo a Apple y Google, que tuvieron crecimientos mayores al 28% y 34%
respectivamente, según la Consultora
Interbrand en su informe anual de 2013. Recuerda considerarlos como
potenciales aliados para el futuro, ¡no lo olvides!
Por cierto, ¿sabías que de ti han hecho, además de todas las
simpatiquísimas y tiernas películas Disney, una serie de películas de terror?
Pues yo tampoco. Pero al parecer, desde 1974, con Silent
Night, Bloody Night existe no menos de una veintena de terroríficas
películas basadas en ti y la Navidad.
Volviendo al tema, te decía que he estado pensando en que
buena parte de tus días los ocupas en “espiar” a millones de niños para ver si
se portan bien en sus respectivas familias, escuelas y con sus amigos. Oye, de
lo que conozco, podría ser una opción el que contrates a un señor del cual se
ha hablado últimamente con mucha vehemencia. Su nombre es Edward Snowden. Es un
técnico que sabe mucho sobre información de otros y que ha asesorado con éxito
al propio gobierno de los Estados Unidos de América, específicamente a la NSA
(Agencia Nacional de Seguridad). Con ellos, ha tenido acceso a los datos de los
clientes de nueve empresas de internet (incluidas Facebook, Google, Microsoft y Yahoo), ha interceptado cables de fibra óptica, ha realizado escuchas
telefónicas de 35 líderes mundiales y ha realizado espionaje dirigido, entre las
que se encuentran 38 embajadas de las más importantes del planeta.
Otra opción que podrías manejar, para evitar todo ese estrés
que debe significar el conocer sobre los comportamientos de tantos niños y
adolescentes, es que pudieras hacer una alianza con Google o con Facebook, -recuerda,
¡de las marcas más valiosas del mundo!-, ya que al parecer te llevan la
delantera en conocer la información, y por lo tanto, los secretos de muchas
personas. Mark Zuckerberg, el creador de Facebook,
estima que su red social tiene 1000 millones de usuarios. Eso significa que Facebook llega a una de cada siete
personas que viven en la tierra. Y eso es bastante, considerando que según
cifras de la Comisión sobre Banda Ancha para el Desarrollo Digital de la Unión
Internacional de Telecomunicaciones (UIT) cerca del 32% de la población mundial
tiene acceso a Internet. Lo que
quiere decir más de 2240 millones de
personas, que a su vez quiere decir que prácticamente una de cada dos personas
que tienen acceso a Internet tiene
una cuenta en Facebook.
Quizá, incluso, por un “módico” precio pudieran venderte sus
datos (ni te cuento lo que mi banco hace con mis datos y las llamadas que siempre
tengo a mi celular) y ofrecerte las estadísticas más actualizadas y
personalizadas de las preferencias de cada niño, niña y adolescente del
planeta, -al menos de quienes utilizan estos servicios electrónicos-.
En fin, mi querido Santa, si no hubiera sido por tus devotos
emigrantes holandeses que en 1621 llevaron tu nombre a Nueva York, ni te
habríamos conocido. Y tuvimos que esperar hasta que en 1809, cuando Washington
Irving escribiera una sátira -Historia de
New York- en la que deformó al santo patrón holandés -Sinter Klaas- hasta
transformarlo en tu precedente actual y cuyo éxito popular se completaría con
un poema de Clement C. Moore, publicado en 1823, que acabó de inventar tu mito
como generoso y alegre personaje navideño... Todo comenzó con la figura de san
Nicolás, obispo turco del siglo IV cuyo mito y culto se expandió por toda la
Europa medieval.
Ah... ya lo ves... creo que nos conocemos mutuamente. Espero
que esa no sea la razón por la cual este año no me trajiste regalos... ja ja ja.
Bueno, te reitero mis saludos, espero que pases un lindo
resto de año ganando todos esos kilos de más que hacen tan característica a tu
figura y que acojas todos esos datos que te podrían ser muy útiles en esa tarea
de entregar regalos a los niños de todo el mundo.
Con afecto,
Francisco Javier




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