El adiós a una mochila


Hoy te digo adiós como hace tantos tiempos te dije bienvenida.
Y para nada es fácil, compañera de viajes y aventuras.

¿Recuerdas los rostros de aquellos que compartieron con nosotros sus esfuerzos, sus cenas y sus vidas?
¿Eres capaz de nombrar a quienes te ayudaron, llevándote en sus hombros, tanto como tú me ayudaste a mí a cargar tantos sueños y proyectos?
¡Cuántos senderos recorrimos juntos! ¡Cuántos soles y aguaceros!

Lo mismo guardaste la sencillez con Libanio y sus "signos de los tiempos" que en El Triunfo, con cientos de pañuelos. Mantuviste la misma solemnidad en el tranquilo descanso de Capdevielle, en el frío amanecer de Santiago o en las noches de guardia cerca de la montaña.
¡De cuántas historias, tú y yo, fuimos testigos!

Siempre supiste acompañar sin protagonismo: soportaste el peso de lo cotidiano y de lo simple; ayudaste a caminar.
¡Qué habría sido de mí sin tu concurso! ¡Imposible lograr tantos encuentros y aprendizajes; tanta comunidad!

Con tu silenciosa generosidad me enseñaste a ser generoso. Con tu servicio, a servir sin buscar recompensa. ¿Recuerdas tantos chistes de los chicos y esos largos relatos de lágrimas y amores?

Hoy estás cansada y es justo que te prepares para una nueva aventura. Lejos de mí está desprenderme de ti, indignamente; mucho menos enviarte al cesto de la basura. Lo que pasa es que el nuevo camino es largo y fuerte; y es hora de que tu ritmo sea menos intenso y tu carga más ligera.

Te diré qué es lo que haremos: habremos de buscar un niño, uno que necesite tu experiencia. Quizá una pequeña que quiera salir al campo, que precise quien cargue sus juegos, que tenga decenas de papelitos, lápices viejos y nuevos, una que otra travesura y esperanzas de un mundo mejor.

Tú le enseñarás a arreglar lo que siempre es necesario para la vida: ordenando apenas lo indispensable para que pueda ser feliz sin sobrecargas. Con tu presencia le contarás historias, las que vivimos en noches y mañanas, en viajes y acampadas. Con tu fortaleza le ayudarás a ser fuerte con las dificultades y tierna con todos. Con tu silenciosa compañía la verás crecer...

¿Es un trato que te alegre el corazón?
Pues, así sea.

Con la misma sencillez de todas nuestras aventuras, ¡muchas gracias por todo!

Francisco Javier



Como tú quieras, haz tú conmigo;
como tú quieras, quiero ir contigo;
dame que entienda tu voz de amigo.

Cuando tú quieras, Señor, es hora;
cuando tú quieras y sin demora;
sea para siempre, ya desde ahora.

Lo que tú quieras, no lo rehuyo;
lo que tú quieras será mi orgullo;
me basta y sobra ser solo tuyo.

Porque lo quieres, es lo mejor;
porque tú quieres, tengo valor;
en ti descansa mi corazón.
Rupert Mayer, S.I.

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