Mi despedida del CEL

Quito, 8 de septiembre de 2017

Queridos amigos, chicos y chicas del CEL-Gonzaga:

Dice Vinícius de Moraes, un gran poeta brasileño, que hay una serie de condiciones para vivir un gran amor. Y cito: 

Para vivir un gran amor,

se necesita mucha concentración y mucha sensatez,

mucha seriedad - y poca risa - para vivir un gran amor.

 

Para vivir un gran amor,

es menester ser un hombre de una sola mujer;

pues ser de muchas, ¡vaya! Eso es fácil…

- No tiene mérito alguno.

 

Para vivir un gran amor,

primero es preciso consagrarse caballero

y entregarse a su dama por entero, no importa cómo sea.

 

Hay que convertir el cuerpo

en una morada donde se encierre a la mujer amada

y luego apostarse afuera con una espada- para vivir un gran amor.

 

Para vivir un gran amor, os cuento,

es necesario prestar atención a los “viejos amigos”,

que por querer acapararnos, pueden estropear el gran amor.

 

Hay que tener muchísimo cuidado

con cualquiera que no esté enamorado,

pues quien no lo está, está siempre preparado

para fastidiar el gran amor.

 

Para vivir un gran amor, en realidad,

hay que convencerse de que la verdad

es que no existe amor sin fidelidad - para vivir un gran amor.

Pues quien traiciona su amor por vanidad

es un desconocedor de la libertad,

de esa inmensa, indivisible libertad que trae un sólo amor.

 

(Para vivir un gran amor)

(...)

también puntúa saber hacer cositas:

huevos revueltos, gambas, sopitas, salsas, strogonoffs

- comiditas para después del amor.

¿Y qué hay mejor que ir a la cocina

y preparar con amor una gallina con una rica y sabrosa farofinha,

para tu gran amor?

 

Para vivir un gran amor

es muy, muy importante

vivir siempre juntos y hasta ser, en lo posible,

un solo difunto, para no morir de dolor.

Es necesario un cuidado permanente,

no sólo con el cuerpo sino también con la mente,

pues cualquier bajón tuyo, la amada lo siente -

y se enfría un poco el amor.

 

Hay que ser muy cortés sin cortesía;

dulce y conciliador sin cobardía;

saber ganar dinero con poesía - para vivir un gran amor.

Pero todo esto no sirve de nada,

si en esta selva oscura y desorientada

no se supiese hallar a la amada

-para vivir un gran amor.



Y, queridos jóvenes, yo en ustedes, en cada una de tantas historias compartidas en el CEL, a lo largo y ancho de campamentos, reuniones y tiempos, lo confieso: encontré y viví un gran amor...

Lo recuerdo muy claro, como si lo de hace 12 años hubiera sido ayer… Me refiero a ese primer flirteo, -vacile dirían ustedes-, con el CEL, que en esa época todavía no se llamaba CEL (por cierto, digo “con” en el CEL y no “en” el CEL… yo siempre he sido seriecito en eso…). Fue mi primer campamento, el que comenzó el viernes 14 de octubre de 2005, cuando antes de terminar las presentaciones, a la medianoche, Antonio Godoy y el grupo de materiales que de alguna manera se enteraron que el 15 era mi cumpleaños, con guitarra en mano, cantaron el cumpleaños feliz… Con ese primer día de mi primer campamento en el Gonzaga es cuando me flecharon. Y luego vendrían los momentos de cocina, los acompañamientos por las noches y madrugadas, los campos de bandera, las discusiones por los olvidos de materiales, las caminatas, los campamentos nacionales de red (playa incluida, como será este año en Crucita), los campamentos de niños, las historias de amores, los Ejercicios Espirituales y esas calificaciones que de tiempo en tiempo había que revisar, solo por si acaso…

Hay muchas anécdotas y podría pasar horas y horas contándolas, aunque alguna de ellas no fuera tan “santa”; desde cuando un grupo de materiales, -muy macho según su propia autopercepción-, cortó un árbol de cerca de 5 metros de altura (o más) para hacer una fogata, hasta cuando a Jonny casi le meten preso por conducir la furgoneta, de vuelta de un campamento nacional, a exceso de velocidad… O la de un gordito, estudiante de octavo cuyo nombre omitiré, que cuando tuvo que hacer la caminata desde Checa al Quinche estaba ya cansado apenas en los primeros 300 metros de camino. Por cierto, tuvo que ser muy... diríamos… varonilmente motivado… no diremos por quién (lo que después agradeció).

¡El CEL ha sido una bendición en mi vida y eso se lo debo a ustedes! Ahí aprendí a caminar, a ver más claro el horizonte, a saber que el pan es más pan cuando se encuentra el esfuerzo de por medio y que el hambre tiene sabor de gloria si calma el hambre de un amigo, de un hermano.

Alguna vez algún celista de pañoleta roja me preguntó qué rezaba yo cuando estaba en un campamento… Básicamente para poner todo su desarrollo en manos de Dios, -le dije-,… y para que no haya ningún problema con los buses, ni contratiempos con ese galón de gasolina del que tanto desconfié, ni hombros dislocados, ni demasiadas lluvias; para que los de materiales hayan llevado todo lo necesario para las temáticas, para que la amplificación funcione bien, para que los jefes no se pongan malgenios bajo ninguna circunstancia y para que aguanten mis propios malgenios (que son necesarios de vez en cuando para que todo marche bien en un campamento). Ah… y para que unos profes de Mate y de Ciencias no se hagan los duros con los deberes que mandaban los viernes para el lunes a los guías y a los de materiales… Para que me dé la gracia de disfrutar de la alegría de ser joven y para contar con su ayuda en el gesto y la palabra oportuna frente a varias historias un poco difíciles que viven ustedes y todos los jóvenes de todos los tiempos.

Muchachos, ustedes son herederos de una larga tradición de servicio, de liderazgo inspirado en el evangelio, de organización de una nueva sociedad soñada, construida y dirigida por ustedes mismos. Sepan amarla con fidelidad a sus principios y con lealtad histórica, y recrearla con creatividad y discernimiento.
Recuerden que siempre es más fácil destruir que construir. Juéguense la vida en construirla con alegría y generosidad. No se dejen convencer de modas pasajeras que se esconden en no tener nunca culpables y se olvidan de esa gran maestra que es la comunidad y la paciencia.

Gracias a Dios, el CEL queda en buenas manos: responsables y confiables, para que siga siendo una posibilidad de aprender a servir mejor.

Y a los que nos recuerden, cuando en una fría noche se puedan sentir solos, no olviden que, parafraseando al poeta, la luna se puede tomar a cucharadas o como una cápsula cada dos horas. Es buena como tranquilizante y también alivia a los que se han intoxicado de tanta seriedad. Un pedazo de luna en el bolsillo es mejor amuleto que la pata de conejo: sirve para encontrar a quien se ama, para ser el mejor "materiales" y para alejar a los fantasmas y a los "niños de los aguacates".
Pongan una hoja tierna de la luna debajo de sus zapatos y llegarán donde nunca jamás habían imaginado. Lleven siempre un frasquito del aire de la luna para cuando se ahoguen, y denle la llave de la luna a quienes se sientan tristes y a los que estén aburridos. Para los buenos amigos y para los condenados a alguna nostalgia, por más fuerte que parezca, no hay mejor estimulante que la luna en dosis precisas y controladas...

De todo corazón les agradezco por haberse tomado el tiempo de preparar este encuentro fraterno y por su generosidad de haberme mostrado a Dios joven en la transparencia de sus vidas.
Con la seguridad de volvernos a encontrar muy pronto, pues los caminos de las buenas personas tarde o temprano se terminan cruzando, les dejo mi eterna gratitud y amistad. Muchas gracias a cada uno y sigan adelante con esta utopía de construir ciudades de lona en las que podamos vivir como hermanos.


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