Teo y Bel: tiempos, lugares y personas

 

Puerto López, sábado 26 de marzo de 2022.

 

Queridos Bel y Teo:

Es para mí un honor y una alegría el poder dirigirles unas pocas palabras a ustedes, muy queridos amigos y nuevos esposos, en este momento tan importante para sus vidas, como es su matrimonio: el signo a través del cual hoy hacen público su amor con carácter de eternidad en compañía de sus familiares y amigos, quienes les acompañamos y celebramos junto a ustedes este bello y retador camino.

Para quienes hemos sido cercanos a la espiritualidad y formación jesuítica, -sepan ustedes que Teo estudió la secundaria en un colegio de la Compañía de Jesús-, hay tres palabras que nos ayudan a situarnos en los momentos trascendentales: “tiempos, lugares y personas”. Permítanme hoy hacer referencia a cada una de ellas, ahora que iniciamos esta celebración.

La primera palabra, “tiempos”, bien nos puede traer a la memoria al texto sagrado del Eclesiastés:

Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: tiempo de nacer y tiempo de morir, tiempo de arrancar y tiempo de plantar, tiempo de destruir y tiempo de construir, tiempo de llorar y tiempo de reír (…) tiempo de perder y tiempo de encontrar…

Tiempos, como aquel en los que Bel y Teo coincidieron en Malchinguí, mientras hacían aquellas prácticas de vinculación con la comunidad. Tiempo en el que a través de un programa de radio y de algunas dinámicas acercaban a los niños a la lectura. Tiempo en el que comenzó el amor, gracias al conocerse y descubrirse… Tiempo de comenzar a caminar un sendero juntos, en compañía.

La segunda palabra es “lugares”. Y si hablamos de lugares podríamos hacer un largo recorrido que una distintos puntos de un amplio mapa que una Cotacachi, Quito, Tena, Puerto Cayo, -donde hace año y medio, en octubre de 2020, Bel y Teo se comprometieron: “Por eso yo la seduciré; la llevaré al desierto y le hablaré al corazón”. Bueno, no fue precisamente el desierto, sino una playa, pero ciertamente ese viaje medio loco, que comenzó en la madrugada, -yo fui testigo de su inicio-, fue la posibilidad de hablarse al corazón, no solo para caminar un sendero juntos sino además con la promesa del profeta: “Te desposaré conmigo para siempre, te desposaré en justicia y en derecho, en amor, en ternura y en fidelidad”.

También pensando en lugares podríamos mencionar todos aquellos desde donde sus familiares y amigos hemos venido como testigos de su amor en este itinerario: Imbabura, Pichincha, Cotopaxi, Guayas, algunas ciudades de Manabí, Napo y casi, casi Galápagos.

Es el cariño hacia ustedes, queridos Bel y Teo, el que nos ha convocado aquí en esta bella playa de Puerto López.

Tiempos y lugares que nos han permitido encontrarnos a toda esta comunidad de personas, quienes nos alegramos por su unión matrimonial.

Nos alegramos tanto como cuando Teo ve la disponibilidad de Bel para iniciar todo tipo de aventuras junto a él.

O como cuando ambos disfrutan de mostrar su mutuo cariño en público haciendo gala de conversaciones con lo que ellos llaman “vocecitas cariñosas”.

Nos alegramos con ustedes, queridos Bel y Teo, y su forma franca de reír y de bailar, de las que todos nosotros somos testigos y cómplices.

Alegrémonos todos juntos, queridos amigos, por este viaje con forma de girasol, arena y cielo que Teo y Bel han iniciado. Que nuestro compartir de esta noche y el celebrar sea la garantía de una felicidad que todos deseamos, para ustedes y la familia que formen.

Todos y todas, cada una de las personas que nos encontramos acá, queridos amigos, les queremos porque son: amigos, cómplices, todo. Y en su vida, codo a codo, somos muchos, -pero muchos, muchos, muchos-, más que dos.

Mucha felicidades.

 


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